Javier Collado

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María Morales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere que su país siga liderando la carrera espacial ante los ambiciosos planes en los que está trabajando el gigante asiático desde hace años. El magnate ya ha firmado «La Directiva de política espacial 1», que prevé enviar una nueva misión tripulada a la Luna y la construcción de una base lunar que servirá para un posible viaje a Marte.

«No solo plantaremos nuestra bandera y dejaremos nuestra huella sino que estableceremos las bases para una eventual misión a Marte. Y quizá, algún día, a muchos mundos más allá», ha dicho Trump durante el acto de la firma en la Casa Blanca. El millonario no quiere que China tome la delantera en el espacio. De hecho, en junio, Pekín anunció los preparativos «preliminares» para enviar a un taikonauta a la Luna y ahora el presidente estadounidense responde con una firma con toda la pompa y flanqueado por los astronautas Buzz Aldrin y Jack Schmitt -quienes ya han estado en la Luna- y de la astronauta Peggy Whitson, que ostenta el récord de permanencia estadounidense y de mujer en el espacio con 665 días.

Otras potencias además de China, como son Rusia, Europa y Japón se han interesado en misiones lunares y Estados Unidos no quiere perder el liderazgo que ostenta desde la década de los sesenta. Trump ha destacado que esta firma es un paso gigantesco para «reclamar el orgulloso destino de Estados Unidos en el espacio». «Y el espacio tiene tanto que ver con tantas otras aplicaciones… incluidas las militares», ha apuntado sin profundizar más al respecto.

La «Directiva de Política Espacial 1», que insta a la NASA a «liderar un programa de exploración espacial innovador para enviar a astronautas de nuevo a la Luna y, en algún momento, a Marte», han explicado previamente fuentes de la Casa Blanca. La iniciativa coincide con el aniversario de la última misión tripulada a la Luna, el Apolo 17, que llegó al satélite hace 45 años.

Los últimos presidentes han aplazado el regreso al que fuera símbolo de la carrera espacial en aras de otros programas de investigación, pero Trump ya había expresado su deseo de volver a llevar a un estadounidense a la Luna. Lo que no ha dicho el presidente es cómo pretende financiar el proyecto, ni en qué fechas se proyecta el esperado regreso al satélite terrestre.

En 2005, la NASA presupuestó que regresar a la Luna podría costar 100.000 millones de dólares, lo que supone multiplicar por cinco el actual presupuesto de la NASA. Nada dice el documento de cómo se financiará el proyecto aunque sí recoge que EEUU colaborará con otros países y se promoverán incentivos para la cooperación con la industria privada.

El presidente salvó el presupuesto de la NASA de los recortes que sí han sufrido otros organismos científicos, aunque la cantidad asignada -próxima a los 19.000 millones de dólares-, es similar a la concedida por la Administración Obama durante su último año en la Casa Blanca. Desde 1969 y hasta 1972, doce astronautas estadounidenses han pisado suelo lunar. Ahora, 45 años después y tras años de sucesivos recortes presupuestarios a la NASA combinados con la falta de voluntad política de otras administraciones, el presidente Trump quiere volver a dejar huella en la Luna y que sea bajo su presidencia.