Javier Collado

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CBN. Tres años después de Terral, Pablo Alborán ha regresado este fin de semana con Prometo, su cuarto disco de estudio, en el que se ha atrevido a jugar, experimentar y probar sonoridades inéditas en su carrera para así abrir nuevas puertas. «He podido hacer lo que realmente quería», recalca.

Y añade: «Es un disco distinto. Me apetece que la gente lo escuche con calma, sin prejuicios, olvidándose incluso de quien lo canta y de lo que he hecho anteriormente. Eso sería un logro con la fugacidad de los singles y las redes sociales, pero me gustaría que la gente lo cuidara y lo escuchara como antes, tranquilamente con unos cascos en el salón, tumbándose en la cama o en el coche».

Prometo es el resultado de dos años de reflexión, de crecimiento como artista. Un álbum en el que está todo lo que ha aprendido Pablo Alborán desde que editara su debut allá por 2011, sumando nuevas influencias como resultado de su curiosidad y evolución musical.

«Este disco nace de la calma, de un tiempo en mi casa en Málaga, con el ruido de mis sobrinos por la mañana, con el olor a sal del mar de mi ciudad», rememora, para luego resaltar que nace también de las «ganas de hacer algo distinto y también muy honesto, que mostrar nuevas facetas» que el público «no conoce» de él.

Porque, según afirma, el objetivo último no era «que la gente conociera nada», sino que él mismo se «sintiera libre» para hacer «realmente lo que quería y vaciarse» por completo en el camino. «De hecho, cuando terminé de escribir Prometo, que fue la última canción, supe que el disco estaba terminado. Eso es la primera vez que me pasa, porque en otros sientes que faltan cosas», remarca.