Ayuda en el terremoto de México.

Javier Collado

Supermercados Piedra

Dobuss

Redacción. Largas cadenas humanas mueven artículos de primera necesidad como agua o mantas desde un centro de acopio improvisado en Ciudad de México hacia vehículos de distribución, un ejercicio de autogestión que muestra la enorme solidaridad en la ciudadanía que ha despertado el terremoto. El terremoto de 7,1 en al escala de Richter del 10 de septiembre ha dejado al menos 238 muertos en México.

Cien de ellos, una triste cifra redonda, se registran ya en la capital, donde hay además cerca de 40 edificios colapsados y otros con daños muy graves. Llegan ciudadanos con cajas de comida, agua embotellada, medicinas, sueros, mantas, papel higiénico, y sin respiro los voluntarios lo clasifican en espacios determinados para hacer el recuento.

Arriban vehículos, especialmente pequeños camiones de particulares, y se forma una cadena humana que transporta los insumos de punto a punto. Sin descansar y con el semblante cansado, voluntarios de todas las edades llevan horas trabajando, de sol a sol.

Cientos de centros de recolección de productos básicos instalados tras el poderoso terremoto, que tuvo la triste coincidencia de acontecer el mismo día, pero 32 años después, del gran sismo de 1985 que dejó miles de muertos.

Desde este fatídico 19 de septiembre, que recuerda con amargura el devastador terremoto de 1985, la ciudadanía está en pie de lucha para salvar a los compatriotas. Y los trabajos, la ayuda, no se reduce solo a los inmuebles derruidos. La solidaridad aflora más allá de las toneladas de escombros.