Javier Collado

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Maimónides.

CBN. Si hace nueve siglos un periodista hubiese tenido que buscar a cordobeses repartidos por el mundo, sin lugar a dudas Maimónides hubiera sido uno de ellos. Hoy en día estamos acostumbrados a saber de muchos cordobeses que un día dejaron su tierra, su casa, su familia y sus amigos en busca de un sueño difícil de hacer realidad en esta hermosa tierra. Muchos jóvenes que hoy se encuentran fuera de sus hogares, en diferentes puntos del mundo, luchando por un futuro estable.

Pero resulta interesante pararse a pensar en aquellos cordobeses que, como estos jóvenes, un día tuvieron que dejar Córdoba y llevaron fuera de estas fronteras su vida. Es el caso de Maimónides, o el Moisés de Córdoba.

Moshé ben Maimón nació en Córdoba en 1138, en una época en la que la Córdoba de las tres culturas -judía, cristiana y árabe- estaba más viva que nunca y esta ciudad era ejemplo de libertad y convivencia. Maimónides fue un médico, rabino y teólogo judío de al-Ándalus de la Edad Media. Líder de la comunidad judía y médico real del sultán de Egipto, llegaron a decir del gran rabino que desde el profeta Moisés hasta el Moisés de Córdoba, no hubo otro Moisés más importante.

Ya desde pequeño se dedicó a estudiar los textos bíblicos y talmúdicos en Córdoba aunque los conflictos entre culturas de aquellos tiempos obligó a su familia a aparentar convertirse al Islam e ir cambiando de residencia por todo Al-Andalus. Vivió en la ciudad de Almería, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes, hasta trasladarse en 1160 con sus hijos a la ciudad marroquí de Fez. Fue la primera vez que salió de las fronteras de nuestro país para, en su caso, nunca más volver.

Estatua de Maimónides en Córdoba.
Estatua de Maimónides en Córdoba.

De Fez, donde estudió Medicina, se fue a Palestina y de ahí a Egipto donde residió el resto de su vida junto a su familia, primero en Alejandría y después en Fustat (hoy El Cairo, donde falleció en 1204 declarándose tres días de luto oficial).

Moisés de Córdoba se ganó la vida ejerciendo la medicina en la corte del sultán egipcio Saladino, y luego en la del visir al-Fadl, hijo mayor de Saladino. Con este oficio obtuvo una gran fama y admiración popular. Su día a día, cuentan los escritos, era agotador. Desde bien temprano iba junto al Sultán, no pudiendo salir de palacio hasta casi caer el sol. Cuando llegaba a casa, y dado su reconocimiento, una larga cola de enfermos llegados de todas partes le esperaban siempre para “pasar consulta” hasta bien entrada la noche. Y así, un día tras otro, y tras otro.

En la medicina, su maestro fue Galeno, al cual conoció a través de la obra de dos médicos musulmanes casi coetáneos suyos: Avicena y Averroes.
En 1177 fue nombrado dirigente de la comunidad judía de Egipto. Aunque no es raro pensar que Maimónides era musulmán ya que vivió siempre en territorios musulmanes y toda su obra está escrita en árabe pero lo cierto es que nació y murió judío, solo que el árabe era la lengua culta del momento.

Maimónides en la corte del sultán Saladín.
Maimónides en la corte del sultán Saladín.

Escribió un gran número de tratados sobre medicina como el ‘Tratado sobre los venenos y sus antídotos’, dedicado al sultán Saladino, o el ‘Tratado de la buena salud’, dedicado a Al-Fadl. Respecto a sus obras rabínicas, redactó un comentario en árabe de la Mishná, un conjunto de leyes judías. También destacan entre las obras de Maimónides ‘El Luminar’ y ‘La Segunda ley’, que constituye su obra magna y consiste en una amplia y minuciosa recopilación por materias de todas las leyes y normas religiosas y jurídicas de la vida judía. Estas obras tuvieron mucha fama y le otorgaron numerosos discípulos. También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el ‘Tratado sobre la resurrección de los muertos’.