Javier Collado

Dobuss

CBN. El ginecólogo cordobés Rafael Barrientos desarrolla una intensa actividad paralela a la de su profesión médica posiblemente desconocida por muchos de sus pacientes y conocidos.

Y esa actividad paralela se centra en la solidaridad hacia los niños y niñas que más sufren en África, integrado en la organización solidaria Anidan.

Anidan es una ONGD promovida por Rafael Selas Colorado para atender las necesidades de la infancia en Kenia. En la isla de Lamu, al norte de la costa, tiene una Casa de Acogida en la que alberga a más de 140 niños y da de comer, viste, cuida y educa alrededor de 250.

Desde marzo de 2008, en colaboración con la Fundación Pablo Horstmann, también mantiene un hospital pediátrico que atiende de forma gratuita a más de 14.000 pacientes al año en el propio hospital y a varios miles más en actuaciones extra hospitalarias.

Como indica la organización en sus principios fundacionales: «Nos concentramos en los niños, los más débiles. Para ser acogido en Anidan basta ser un niño indigente, abandonado o huérfano; estar en riesgo de sufrir malos tratos o abusos o padecer alguna enfermedad imposible de tratar en su medio. Los más amenazados ingresan en nuestros dormitorios».

Además, mantiene líneas de ayuda a una población empobrecida por la sequía y los conflictos que azotan esta parte de África.

Integrado en Anidan, Rafael Barrientos desdobla su actividad, sus preocupaciones, sus alegrías, sus anhelos, entre Córdoba y Kenia, siendo habitual que conjuntamente con su esposa Emilia y alguna de sus hijas, se traslade en temporadas a hacer que los niños kenianos sean curados de enfermedades o atendidos en sus necesidades más básicas.
Tampoco ha dudado en temporadas en alojar en su casa a algunos de estos niños para ser tratados en hospitales cordobeses y que paralelamente puedan conocer ese mundo desarrollado tan injusto con el llamado tercer mundo.

Sin descuidar sus obligaciones con sus pacientes cordobeses, suele aprovechar periodos de vacaciones en verano o incluso esta pasada semana de Feria, para marchar a su segunda casa, Kenia, donde su vida cobra aún más sentido ayudando a los más débiles.

Así lo describe el propio Rafael Barrientos en su blog personal

(…) Vivir y conocer una de las áreas más deprimidas y subdesarrolladas del mundo, en un marco geográfico único como es Lamu, es una experiencia única en todos los aspectos. Un niño en Lamu tan solo vale unas monedas. Las mujeres sufren abusos, desprecios y todo tipo de vejaciones. El único derecho de la mujer en Lamu es el sometimiento. La educación tampoco es brillante, de hecho, es una rareza a la que solo acceden los elegidos por el poder y el dinero. Una vida calificada como “digna” es un privilegio solo al alcance de unos pocos afortunados. Aun teniendo todo en contra y con un contexto díficil, no he dejado de ver sonrisas sinceras, miradas limpias, llenas de bondad y esperanza. He oído carcajadas, he sentido el calor y la ternura en el choque de una manita tendida o en el apretón de mí pierna en un abrazo fuerte, muy fuerte, tras un juego divertido como el corre que te pillo. Compartir estos días allí, con gente humilde y generosa te hace sentir pequeño en el mundo y al mismo tiempo te llena de gratitud y energías positivas. Es una sensación díficil de explicar (…)

Una historia humana y cercana de vivir por y para los más débiles