El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que tomó este nombre del doctor Alois Alzheimer, neurólogo alemán (1864-1915).
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que tomó este nombre del doctor Alois Alzheimer, neurólogo alemán (1864-1915).

Javier Collado

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Investigadores tratando un paciente con Alzheimer.
Investigadores tratando un paciente con Alzheimer.

CBN. Las pruebas de neuroimagen pueden predecir con 15 o 20 años de antelación la aparición de los primeros síntomas del Alzheimer porque detectan algunos cambios cerebrales y una fase preclínica silenciosa y sin síntomas, lo que abre la puerta al tratamiento personalizado de la enfermedad.

Según ha explicado el responsable de la Unidad de Neuroimagen de la Fundación Pasqual Maragall, Juan Domingo Gispert, está nueva técnica, que aún está en estudio, supone «un giro radical en la investigación del Alzheimer».

En el año 2012, los responsables de este programa de investigación hicieron un llamamiento para conseguir 400 voluntarios, «y en dos semanas 3.000 personas mostraron su interés de ser voluntarios», ha recordado Gispert. Los voluntarios que participan en el estudio, que se han reunido este martes en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB), son adultos sanos de edades comprendidas entre 45 y 75 años, en su mayoría hijos e hijas de personas afectadas por Alzheimer, y que periódicamente se someten a pruebas genéticas y cognitivas, punciones lumbares y pruebas de neuroimagen.

Gispert ha explicado que a través de la combinación de técnicas de neuroimagen y de otros marcadores se puede detectar para cada persona en qué momento de la fase preclínica se encuentra y cuáles son los factores que pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad. Con la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones (TEP) se pueden localizar en el cerebro de pacientes asintomáticos las placas que caracterizan esta demencia, ha explicado el responsable de la Unidad de Neuroimagen de la Fundación Pasqual Maragall.

Entre los voluntarios del estudio está Armand Oliva, de 64 años, que se ofreció en 2014 «para que la ciencia y la medicina puedan avanzar» y que califica su experiencia como «muy positiva» A su madre le diagnosticaron la enfermedad con 78 años, su padre desarrolló una demencia y un tío materno también tuvo Alzheimer. Oliva ha recordado que detectaron la enfermedad a su madre cuando vieron que «empezaba a olvidar cosas importantes y dejaba encendido el gas o abierta la puerta de casa», aunque la pérdida de memoria «más significativa se produjo en sus últimos dos años de vida, cuando empezó a olvidar incluso a su familia».

El voluntario ha reconocido que las pruebas a que se somete él son «muy duras», como test cognitivos de varias horas en los que debe memorizar, relacionar conceptos, habilidades matemáticas en series numéricas y explicar historias. Ha de ir acompañado de su esposa o alguien cercano «porque se somete a preguntas sobre la vida cotidiana, y se comparan sus respuestas con las del acompañante», según Oliva. El voluntario está «de acuerdo» en conocer los resultados de la investigación personal ya que «esto te permite intentar poner remedio en caso de que la enfermedad se desarrolle».

Sin embargo, no todas las personas quieren saber los resultados, por lo que la Fundación respeta la decisión de cada voluntario. Oliva reconoce «no tener un miedo especial a contraer la enfermedad» ya que el factor genético «no es tan determinante», como ha corroborado Gispert, quien ha explicado que «la edad es el principal factor de riesgo para padecer Alzheimer». Una de cada 10 personas mayores de 65 años tiene Alzheimer, según el neurólogo.

Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay 47,5 millones de personas con demencia y, si no se encuentra una cura efectiva, se prevé que en 2050 el número de casos se habrá triplicado