Imagen de la Iglesia de Santa Marina y el monumento a Manolete.

Javier Collado

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Imagen de la Iglesia de Santa Marina y el monumento a Manolete.
Imagen de la Iglesia de Santa Marina y el monumento a Manolete.

CBN.  Fundada por el rey Fernando III El Santo, su construcción se inició en los últimos decenios del siglo XIII y se prolongó durante el XIV. Este templo es popularmente conocido como Iglesia de Santa Marina pero su verdadero nombre es Santa Marina de Aguas Santas. Forma parte de la lista de las 14 iglesias fernandinas que se erigen en la ciudad y dentro de la misma es una de las más antiguas.

En el lugar donde se alza esta iglesia, primero se emplazó un templo visigodo del siglo VII y posteriormente, aunque este dato es sólo probable, una mezquita mozárabe, de los que no queda el menor vestigio. En el medievo lindaba con la muralla que separaba la Ajerquía de la Villa, así como con la desaparecida Puerta del Colodro.

El 23 de junio de 1880 el templo sufrió un incendio que le afectó considerablemente y que reclamó una reconstrucción de dos años de duración. El 17 de julio de 1882 el culto fue restablecido. En los siglos XIX y XX -la última vez en 1998- se acometieron varias restauraciones destinadas a recuperar el aspecto medieval, disimulado por las reformas de aires barrocos realizadas para reparar los daños sufridos en sendos terremotos, el de 1680 y el de 1755. En el año 1931 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y Monumento Histórico-Artístico Nacional.

Fotografía del interior del templo de Santa Marina.
Fotografía del interior del templo de Santa Marina.

La planta del templo es rectangular de tres naves separadas por arcadas apuntadas sobre pilares compuestos, y su longitud sólo es superada por la de San Pablo. La nave central es más alta y cubierta con artesonado mudéjar, y se ensancha conforme avanza hacia los pies, a la inversa que sucede con las naves laterales. Como es habitual, no hay crucero, pero sí una cabecera de tres ábsides poligonales. La capilla mayor, cubierta por bóveda de crucería, tiene su frente perforado por tres ventanas góticas, un arcosolio y vanos de comunicación con los ábsides laterales. El ábside de la epístola mantiene su estructura original, mientras que el del evangelio ha sido muy transformado.

En 1630 se decidió transformar completamente el ábside del evangelio para alojar allí la Capilla de los Benavides. Aunque las reformas más importantes se realizarán en 1645, ocultándose la techumbre mudéjar, que permanecerá tapada hasta la reforma de 1880 que la dejará definitivamente al descubierto.

Además de las Capillas de los Orozco y los Benavides, el recinto acoge la Capilla Bautismal en el ábside de la epístola y la espectacular Capilla del Sagrario.

Sobre su estilo, reúne rasgos característico del arte tardorrománico, gótico y mudéjar, aunque también posee elementos de siglos posteriores, como la torre renacentista y el sagrario, reformado a lo largo del siglo XVIII. Interesante es su rosetón, así como la portada lateral izquierda, única por sus características en Córdoba.

Hoy este monumento, da nombre a uno de los barrios de más solera de la ciudad. Bajo el amparo de datos históricos fidedignos, no sería nada descabellado decir que Santa Marina es por antonomasia el barrio de los toreros, de los piconeros y del Resucitado, tres elementos que han estado muy unidos en este tradicional barrio cordobés. Frente a la fachada principal se extiende la homónima Plaza de Santa Marina, presidida por el monumento al torero Manolete.

Imagen de Cristo Resucitado en su estación de penitencia.
Imagen de Cristo Resucitado en su estación de penitencia.

En este templo hace estación de penitencia, como he mencionado anteriormente, la Hermandad del Resucitado que procesiona el domingo de resurrección por la mañana. Se tiene constancia que nació en 1585, lo que la convierte en una de las más antiguas de nuestra ciudad. Desde esta fecha en adelante, la Hermandad sufrió muchísimos altibajos: épocas de gran esplendor en las que, por ejemplo, se cubrían las calles con romero y juncia para la procesión, que alternaban con otras más decadentes. Hay constancias de que muy pocos años faltó la fiesta de Pascua en Santa Marina seguida de la procesión del Resucitado por las calles del barrio. Existe un asentamiento de hermanos con fecha de 1821, en el que se sobrepasaban los trescientos miembros de la Hermandad del Resucitado.

Tal era la tradición de celebrar la Resurrección en Santa Marina que, a principios de siglo, la corporación municipal acudía a Santa Marina para la solemne función religiosa y procesión del Resucitado que acompañaba la banda municipal y una sección de batidores de la guardia municipal montada abriendo la comitiva.

A este último punto hemos de unirle el resurgir general de la Semana Santa de Córdoba, y como consecuencia la reorganización de la Hermandad, que se perdió por los avatares de la historia, en 1927 gracias al impulso de José Mora Cabrera Trillo-Figueroa, marqués de Villaseca.

También se sucedieron los altibajos a partir de esta fecha, cambios de día y hora de salida, de recorrido, entre otros acontecimiento, pero aquel “empujón” del marqués de Villaseca, fue definitivo para que la Hermandad del Resucitado sentara una base firme sobre la que crecer hacia el esplendor actual d acorde con el de la Semana Santa en general, hecho al que también contribuyó esta hermandad jugando un importante papel en la fundación de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba como elemento representativo de esta celebración.