Javier Collado

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Redacción.- La investigadora y directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (Cnio), María Blasco, bioquímica y bióloga molecular, trabaja en desvelar los procesos de activación del cáncer y cómo anticipar esa activación.

Es una de las científicas españolas más reconocidas internacionalmente por sus contribuciones fundamentales sobre los telómeros y la telomerasa y la función que desempeñan en el cáncer y el envejecimiento.

Según la investigadora, en el futuro cercano se va a intentar realmente retrasar todas las enfermedades. ¿Y esto por qué? Porque lo que se ve que es importante realmente es estar sano, estar saludable durante el mayor tiempo posible. Es lo que se llama alargar el tiempo de vida de juventud. Ese es uno de los grandes retos, una de las grandes revoluciones en la manera de ver la enfermedad y una de las cosas en que más avances se van a lograr.

Ratones Triple - CNIO
Ratones Triple – CNIO

En en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)  nació Triple, un ratón transgénico capaz de vivir un 40% más de lo habitual. Lo creó María Blasco, que logró que Triple estuviera sano un 40% más de lo normal. Este superratón sería el equivalente a que un humano viviera joven más de 140 años. «Haber considerado que el envejecimiento era algo natural ha evitado que durante mucho tiempo la ciencia estudiara cómo evitarlo», dice Blasco,,

Triple es la prueba, y es equiparable a que un humano  cumpliera 140 años sin envejecer.

«En personas aún no tenemos idea de cuánto se alargaría la vida con esta estrategia, porque nosotros envejecemos mucho más despacio que los ratones. Tal vez sería mucho más del 40%… Tal vez el doble», comenta, y el ser humano comparte con los ratones el 90% de los genes. «Son muy parecidos a nosotros», recuerda Blasco.

Esta tarea es prioritaria en el mundo de la ciencia y es uno de los campos de investigación a los que se dedica mayor cantidades de dinero. La Comisión Europea lo ha hecho proyecto prioritario. Pero también es centro de atención de las empresas y la industria farmacéutica. Eso es lo que explica que hayamos visto  cómo una empresa tan innovadora pero tan alejada de la bioquímica como Google haya hecho una inversión brutal en su compañía Calico, que está dedicada precisamente a proyectos de investigación en este campo. Y el testigo lo ha recogido Craig Venter, el biólogo y empresario que compitió con el Gobierno americano para descubrir la secuencia del genoma humano. Ahora ha dicho que está dispuesto a competir también con Google para ser el primero en conseguir fármacos que retrasen el envejecimiento. Y es que Venter ya da por hecho que se logrará ese objetivo. La única duda es cuándo.

María Vasco - CNIO
María Blasco – CNIO

Y para el siglo XXII se contará con progresos aún mayores. Hoy ya podemos observar cómo cada vez hay tecnologías más sofisticadas para cirugías, para detección precoz de enfermedades, etcétera. Todo eso va a ir avanzando sin parar. Ocurre igual con los fármacos, que día a día son más sofisticados, cada vez van más dirigidos a alteraciones muy concretas.

Todas las enfermedades que principalmente conducen a la mortalidad son simplemente la consecuencia de una causa molecular, una causa biológica que es el proceso de envejecimiento celular.  Y ha habido una ciencia de altísima calidad, una ciencia muy rompedora en los últimos  años que ha empezado a desvelar cuáles son estas causas moleculares, y por primera vez también hace unos pocos años se ha demostrado que alterar solo una de estas causas retrasaría todas esas enfermedades.

La medicina evoluciona a gran velocidad por innovaciones que vienen a su vez de la investigación. Y es lógico que así sea, que se redoblen los esfuerzos en la curación de enfermedades porque es una exigencia de la sociedad.

El proceso de envejecimiento y de aparición de las enfermedades más incurables es muy complejo, porque el problema tiene una parte genética y una parte ambiental.

En concreto un 20% genético y un 80% ambiental, relacionado con los hábitos de vida. En ese 80% se incluye el tipo de vida que has llevado, en qué ciudad vives, la suerte o mala suerte que hayas tenido, el estrés laboral o emocional, independientemente de la genética. Sumemos también la suerte, la suerte de la vida, el azar. Dónde has estado, qué has hecho… Son cosas que tampoco las decides uno mismo, puede ser que hayas tenido un accidente, que se te haya muerto un hijo… todo eso influye en ese 80%.

Hemos vivido casi de espaldas completamente al importantísimo efecto que tienen los hábitos de vida, los hábitos alimentarios, incluso el estrés,  muchísimas cosas que ahora sabemos que están influyendo en la capacidad para mantenernos sanos durante más tiempo y que repercuten de manera determinante en la salud de una persona.

El cáncer ya es prácticamente curable al 100% si se detecta en estadios muy tempranos. Así que lograr que el cáncer no sea una de las principales causas de muerte en el siglo XXII pasa necesariamente por que seamos capaces de desarrollar biomarcadores efectivos que nos avisen de qué individuos están en riesgo de padecer cáncer y en estos casos poder detectarlo de manera precoz, cuando es curable. Hay que evitar que los tumores pasen al estadio de metástasis, porque la curación es muy difícil…

Lo que ocurrirá dentro de cien años es que aquellos individuos que desarrollen un cáncer tendrán tratamientos personalizados acordes con el DNI genético del paciente y del tumor. Habrá muchos más fármacos que se habrán desarrollado contra los cientos de nuevas dianas que se están encontrando ahora gracias a la secuenciación del genoma del cáncer. Sabremos, además, cómo combinarlos para que maten más eficientemente los tumores. Eso sí, estos tratamientos serán muy costosos.

La clave es contar con biomarcadores que anticipen el surgimiento de la enfermedad. En el ámbito cardiovascular ya funcionan muy bien. El nivel de colesterol, por ejemplo. Esto ha sido una revolución, porque ser capaces de ver qué personas tienen riesgo de padecer un infarto, y antes de que lo sufran, cambiar los hábitos de vida, modificar la dieta, incluso tomar una pastilla que haga bajar el colesterol, hace que retrase o evite la enfermedad cardiovascular.

Si tuviéramos unos biomarcadores tan buenos con el cáncer, se podría diagnosticar con precocidad si un individuo tiene muchas probabilidades de llegar a desarrollar un cáncer de hígado, con lo que se le podría aplicar un tratamiento especial y, al igual que pasa con el colesterol, administrarle esa pastilla para evitar los malos efectos de esa proteína rara que tienes y que  producirá, de no tratarse, ese cáncer de hígado diez años después. Con una simple pastilla le bajarían esa proteína y no tendría nunca en su vida un cáncer de hígado. Pero en el cáncer no existen esos biomarcadores para saber qué personas están en riesgo.
Algunos científicos prevén que el abaratamiento y popularización de la tecnología permitirán que todos nosotros estemos llenos de chips en el interior de nuestro cuerpo para poder autochequearnos a diario, con la misma facilidad y la misma frecuencia con que nos lavamos los dientes.

¿Dominará la empresa privada la investigación en los próximos cien años? Lo que es evidente es que ahora los Estados no pueden afrontar los costes de los ensayos clínicos. Son las empresas farmacéuticas  las que están aportando los fondos para que cada día se investigue más.

En el CNIO existe un programa de desarrollo de fármacos,  por el que hacen el desarrollo inicial,  a contar con los investigadores, que son los que tienen las ideas, y los que descubren las cosas nuevas. Pero en determinado punto desarrollan alianzas con la empresa farmacéutica para hacer la siguiente inversión, que ya es algo que el presupuesto del centro no puede atender de ninguna manera.

Por tanto, los Gobiernos deberían apostar por dotar a los centros de élite de suficiente presupuesto para conseguir esas fases iniciales de la investigación que tienen un valor incalculable. Incluso en este centro, por la licencia de uno de nuestros proyectos, ya hemos ingresado medio millón de euros, y nuestro sueño es alcanzar los 20 millones de euros. Pero sí, por supuesto que es clave la colaboración con las empresas farmacéuticas.

Pero por desgracia  hay países tan pobres en los que la sanidad es prácticamente inexistente. Es duro pensar en la tremenda desigualdad, que solo una parte de la humanidad pueda beneficiarse de esos avances, mientras en otras zonas hay niños que se mueren por enfermedades aquí consideradas leves y que se curan con una simple inyección. O solo con agua. Hay que acabar como sea con las desigualdades, incluso las que hay dentro de un mismo país

 

 

 

 

 

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