Javier Collado

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Dobuss

Marta Pérez Lindo.– ¿Has oído hablar alguna vez de las personas asexuales?

Si has escuchado algo sobre esta palabra sabrás que una persona que se considera “asexuada” es aquella que no tiene relaciones eróticas ni deseo por tenerlas.

Hasta aquí no hay problema, cada persona tenemos un grado de deseo y atracción, y ser asexual será un grado muy bajo o casi inexistente. El problema es cuando utilizamos la palabra asexual cómo persona que tiene poco o ningún deseo. Asexual significa sin sexo, el sexo tal y como se conoce en la sociedad son las relaciones eróticas, pero este no es su significado real, los sexos son el ser hombre o mujer. Entonces ser asexual significa no tener sexo, no ser ni hombre ni mujer.

Asexual
¿Existen personas asexuales?

Puede que no importe como querer llamarlo pero, el mal uso de esta palabra trae algunos problemas. Por ejemplo, cuando las personas se categorizan como asexuales, indicando que es algo que depende de su naturaleza, que han nacido así, es más despreocupado que aceptar que tienes poco deseo sexual, por alguna razón o sin razón.

Y es que, al decir que tu deseo es bajo, existe la posibilidad de que tengas un bloqueo en tu sexualidad y pueda ser tratado sexológicamente, o simplemente forme parte de tu ser, sentirte bien con ese nivel de deseo, algo que no es para nada malo, cada uno vive cómo quiere su expresión sexual.

¿Qué venderá más?

Según un nuevo anuncio de colchones, que ha creado cierto revuelo, “el 1% de la población mundial es asexual”, si cambiamos este eslogan por “El 1% de la población se considera que tiene un bajo deseo erótico”, cambiaría totalmente la perspectiva y nadie hubiese dado tanta importancia al anuncio.

La atracción y el deseo varían según la persona, como seres únicos. Cada uno de nosotros expresa su erótica según la vivencia de su sexualidad, pero las personas que se consideran “asexuales” tienen bloqueada su vivencia de la sexualidad, puede ser una decisión de la persona, o como motivo de una ideología, por sentir rechazo de su ser, por tener una orientación sexual u otra, mil razones que las personas “asexuales” pueden sentir. Pero en vez de preguntarte el por qué no tengo deseo ni atracción por nada, es más fácil encasillarse como ser asexual y desprenderte del por qué vivo mi sexualidad así. Sin querer decir con esto que todas las personas deben tener relaciones eróticas, y menos con el modelo normalizado que tenemos de relación erótica, eso depende de lo que quiera la persona. El caso es que nadie puede negar su sexualidad, podrá bloquearla pero como seres sexuales, vivas cómo vivas tu erótica, es innegable que digas no tenerla.

Hay personas que no les atrae nadie físicamente, que son atraídos por su inteligencia, o por su forma de ser, por mil motivos. No podemos entender la atracción y el deseo como lo vivimos cada uno, ni tampoco su expresión, existiendo población que se sentirá más satisfechas con relaciones eróticas y otras que preferirán tener otro tipo de relaciones, sin tener que dar por hecho que es una persona asexual, simplemente es otra forma más de relacionarte con los demás.

Cuando se quiere combatir el deseo con medicamentos…

Es un error común creer que el deseo puede incrementar tomando alguna pastilla, como la viagra o la “viagra rosa”, que es un nuevo fármaco que inundará las farmacias intentando hacer creer que el deseo femenino es cuestión de estar encendido o apagado. “Que tu pene, al tomar una pastilla, este erecto no significa que tengas deseo”.

La verdad es que el deseo está influido por mil aspectos. Ninguna pastilla es capaz de influir en él.

Para que se entienda bien pondremos el ejemplo de la viagra o del viridec, crema que consigue la erección del pene. Lejos quedaría el deseo de la persona cuándo compran estos fármacos, y los motivos principales al comprarlas no son disfunciones eréctiles, sino “durar más teniendo relaciones”, “tener coito”, “quedar como un machote”, etc.

Si hay deseo no hace falta ningún fármaco, excepto en el caso de que se tengan problemas fisiológicos o que poder tratar con terapia sexológica. Pero el mercado farmacéutico conoce muy bien los roles masculinos y femeninos y sabe cómo venderles un producto que aparentemente les hará bien.

Ya sabemos que lo que enciende el motor erótico es la globalidad de la piel. Tenemos toda la información para poder proporcionar placer a la otra persona, y aun así, nos resulta más fácil gastar dinero en fármacos que no son necesarios para tener relaciones satisfactorias.

Estos medicamentos podrán ser bien usados en algunos casos, pero cuando no hay problemas fisiológicos resulta una pérdida de dinero.

«No pretendas que las cosas sean como las deseas; deséalas como son»

Epicteto