Foto de archivo de un peról cordobés.

Javier Collado

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Redacción.– La llegada de la primavera, una extraordinaria climatología, ganas de pasarlo bien con amigos y familia, y casi todo lo demás lo pone la excepcional falda de la Sierra cordobesa para «irse de perol». Así disfrutan miles de cordobeses en días como hoy sábado en el que se aparca el stress, los quehaceres en el hogar o el trabajo -quien pueda- para disfrutar de los placeres culinarios, el aire libre, el deporte o la tertulia. 

Perol Cordobés
Perol Cordobés

Miguel Salcedo Hierro indica que es una manifestación propiamente costumbrista de la ciudad de Córdoba, y que a partir de la misma, se ha ido extendiendo por la provincia y en menor medida, por las provincias adyacentes tales como Sevilla, Jaén o Málaga.

Según informa Cordobapedia, la tradición costumbrista cordobesa ha sido la de salir al campo, que rodeaba la otrora ciudad amurallada, así como a las laderas de Sierra Morena, y celebrar un día en el campo con amigos, familiares, etc. celebrando un perol. Diferentes factores como la prohibición de hacer fuego en el campo, la progresiva urbanización de las inmediaciones de la ciudad o la creación de espacios ad hoc para celebrar peroles como en el los Villares o en el recinto ferial de El Arenal ha hecho que, aunque mateniéndose la tradición, ésta se lleva a cabo en un ámbito más privado como la realización de éstos en la casa o chalet de un familiar o amigo.

El perol es la principal actividad de las innumerables peñas cordobesas, pues es un elemento aglutinador de los peñistas entorno a él. La mayor perolada conocida en Córdoba se dió el 2 de octubre de 1989 con motivo del veinticinco aniversario de la fundación de la Federación de Peñas Cordobesas en la Cerca de Lagartijo, donde acudieron más de 4000 personas.

Un poco de historia

La proximidad del campo para la población cordobesa y las huertas que poblaron los alrededores de la ciudad durante siglos hicieron que la afición de los peroles o las jiras campestres como eran denominadas antaño, se popularizaran entre la población cordobesa.

Los lugares eran variopintos desde las propias huertas existentes en las inmediaciones de la ciudad, como las Puertas de Almodóvar y la de Sevilla, o los parajes y aledaños de la ciudad. Lugares como el entorno del parador de la Arruzafa, El Jardinito, Huerta de San Antonio, El Mayoral, El Hierro o El Cerrillo fueron frecuentados por los cordobeses durante gran parte del siglo XIX.
La construcción de la carretera de los Arenales en la década de los años 1880 hizo que los peroles terminaran de convertirse en una tradición netamente cordobesa poblándose parejas como la Fuente de la Raja, Cañito Bazán, Fuente del Manjano, La Palomera, Fuente de la Salud, Puente de Hierro, Molinillo de Sansueña, Huerta del Rey o incluso Las Ermitas.

Igualmente en las primeras décadas del siglo XX era muy dado  hacer peroles a ambos lados de la linea férrea que parte para Sevilla entre el final del «Camino de los Cuartes» -hoy llamada Avenida de Medina Azahara- hasta los aledaños de lo que sería los terrenos de la Electromecánicas; llegando a ser lugar preferido los olivares llamados popularmente como «Los Olivos Borrachos». Otro lugar perolístico era junto al río Guadalquivir concretamente en el Molino de Lope García.

La progresiva urbanización de todas las inmediaciones de la ciudad histórica de Córdoba, ha hecho que poco a poco los lugares para la celebración de peroles hayan ido alejándose de estas zonas, para ocupar otras como el Parque Periurbano Los Villares.