Javier Collado

Dobuss

Marta Pérez Lindo.- El secreto para el éxito en las relaciones afectivas consiste en que ambos ganen.

Una relación sana se basa en que a ambos miembros se les permita pedir lo que deseen y necesiten, y ambos tengan permiso para decir que no si así lo consideran. Cuanto más se vive la propia individualidad, mejor se puede vivir el amor con otra persona, porque podemos permitirnos el estar sin miedo a perder nuestra identidad.

Pero un error muy común es que, tanto los hombres como las mujeres damos el tipo de amor que necesitamos y no el que necesita la pareja.

Las discusiones pueden ser el elemento más destructivo de la relación…

¿Cómo es la comunicación con tu pareja?

La mayoría de problemas de pareja surgen de una mala comunicación o por falta de esta. Aunque podemos afirmar que es más bien por no comprender lo que nos quiere decir la otra persona.

Entonces la pregunta es, ¿Os entendéis bien tú y tu pareja?

A menudo, lo que producen estos malentendidos a la hora de comunicarnos es el sentido con el que mandamos el mensaje y lo que el otro entiende debajo del mensaje (la expresión corporal, el tono con el que lo decimos, etc.). Son los llamados “metamensajes”.

Un claro ejemplo en muchas discusiones de pareja es:

-Tú me dijiste que…

-Yo no te dije eso…

Esto ocurre porque al enviar la información entra en juego el sentido con el que «tú lo dijiste»  y otro sentido totalmente distinto con el que la otra persona captó esa información, interpretándolo ambos desde su propio código.

Relaciones de Pareja
Una buena comunicación es clave para el éxito de una pareja

Y es que realmente  los hombres y las mujeres nos dirigimos a nuestra pareja por distintas razones.

Existen unas características en la forma de expresarse y comunicarse propias de cada sexo que nos diferencian.

Los hombres se comunican con finalidad informativa, ofrecen soluciones, y no utilizan el lenguaje como forma de relacionarse de manera afectiva.

Las mujeres utilizan el lenguaje como forma de relacionarse y entre estas características ofrecen consejos no solicitados (que a menudo se pueden malinterpretar por el hombre como un «me quiere controlar/cambiar»). Un claro ejemplo son las charlas entre amigas sin pedir a cambio ningún tipo de consejo o respuesta sino utilizando el lenguaje de manera afectiva.

Otra diferencia es que, normalmente, el hombre raramente habla de sus problemas e intenta no cargar con problemas a la pareja. Tienden a reflexionar en silencio acerca de lo que les preocupa. La pareja debe entender que ese retiro no es señal de que él no cuente con ella. Sin embargo, a menudo se malinterpreta como “no le importo, no me cuenta nada”. Esto es malinterpretado porque, para la mujer contar sus problemas es una forma de crear un vínculo afectivo con su pareja, ser escuchada y comprendida. Y no es preciso que él esté de acuerdo para comprender el punto de vista de ella.

Otra de las diferencias es la necesidad de la mujer de sentirse escuchada respecto la necesidad del hombre de sentirse necesario.

Para los hombres sentirse necesarios es la clave para motivarse en su relación, y así dar lo mejor de sí mismos. Deben ser conscientes de que no está mal cometer errores y no es necesario tener respuestas para todo.

Después de la disputa… tiempo de volver a intimar.

Muchas veces, empeoramos el problema hablando, porque no paramos de malentendernos. Por lo que no debemos interpretar mal cuando hay silencio, pues en muchas ocasiones significa un “aún no sé qué decir”.

Cuando el hombre se aleja no es el momento para hablar. Pero pasado un tiempo vuelve. Reaparece de manera afectuosa y solidaria actuando como si no hubiese pasado nada. ¡Es ese el mejor momento del hombre para hablar sobre el problema!

Pero la mujer se aleja por motivos diferentes, ella no actúa como si no hubiese pasado nada, sino que retrocede cuando no confía en que él vaya a comprender lo que siente, teme a que la decepcionen o le hagan daño.

Entonces debemos tomarnos nuestro propio tiempo, para resolver el problema.

Tomarnos un tiempo, teniendo en cuenta el sonado consejo “no te vayas a dormir enfadado”, no es solo un dicho social, sino que es una verdad científica. Un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad Amherst de Massachusetts, han comprobado que el cerebro guarda más o menos intacta la respuesta emocional cuando te vas a dormir hecho una furia. Así es que, cuando despiertas y te encuentras de cara con tu pareja o con el problema que te ha hecho enfadar, revives prácticamente las mismas sensaciones que tenías antes de irte a dormir o incluso de forma más intensa. Por esto, hablar hasta que se rebaje el nivel de enfado resulta más importante de lo que creemos para despertar más relajados y poder resolver el problema.

Una escasa comunicación puede desembocar en un desinterés sexual.

Con la pérdida de comunicación se pierden el interés de mantener relaciones sexuales. Y es que, cuando se experimentan sentimientos negativos también se reprimen sentimientos positivos y esta es la principal causa de la perdida de pasión.

Las parejas de larga duración declaran que la buena comunicación ha sido clave para mantener la cercanía emocional y la satisfacción con la vida sexual juntos. Cuando hay comunicación puedes expresarle a tu pareja tus emociones, sentimientos, pensamientos y deseos sexuales con total libertad y confianza, es un fortalecimiento del vínculo afectivo diario.

También se ha probado que las parejas con mejor comunicación se escuchan mutuamente y saben reír juntos. Esto genera una mayor cohesión y un aumento de la sensualidad entre la pareja en la vida cotidiana.

¿Cómo mejorar la comunicación?

No todo el mundo piensa como tú. Debemos acercar posturas.

Ahora que sabes que contar los problemas puede ser una carga para tu pareja, intenta recortar el tiempo de habla sobre ese problema, al igual que él debe poner de su parte para escuchar e intentar comprender, en vez de dar soluciones al problema, ya que no es lo que estamos pidiendo, normalmente.

Es muy importante mantenerse unidos e intentar entender al otro, pues en momentos difíciles encontraremos más soluciones ante problemas que afecten la relación y la vida sexual de la pareja.

“Amar no es solamente querer, es sobretodo comprender”.

Françoise Sagan