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Javier Collado

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Bosque.
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Redacción. El fuego forma parte de la naturaleza. En ecosistemas como el mediterráneo, especies vegetales como el pino carrasco o la jara están adaptadas para convivir con incendios producidos de forma natural cada cierto tiempo. Ante un auditorio repleto de alumnos de la Universidad de Córdoba, el profesor de Ciencias de los Suelos de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Jorge Mataix, ha explicado cómo diferentes factores inciden en la recuperación de una zona afectada por un incendio forestal y ha mostrado algunos ejemplos de recuperación en parques naturales de la provincia de Alicante. La conferencia forma parte de un ciclo organizado con motivo del Año Internacional de los Suelos por el Departamento de Edafología de la Universidad de Córdoba y del Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario ceiA3, en colaboración con la Facultad de Ciencias y de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes.

Mataix ha incidido en que “aunque el fuego está presente en el ciclo natural, tenemos un problema por el cambio de régimen” que ha producido la acción humana. “No existe una gran diferencia entre que caiga un rayo en un monte o que lo queme una persona. Sólo necesitamos saber si le tocaba quemarse o no, ya que el fuego es un factor biológico más del ecosistema”, ha explicado. No obstante, “tenemos que reducir el número de incendios causado por el ser humano que tenemos que reducir mediante prevención, pero no hay que alarmarnos siempre que haya un incendio forestal, dependerá de cómo sea”, ha admitido.

Cuando un ecosistema ha coevolucionado con el fuego, las especies adaptadas a él necesitan la presencia de este factor para proseguir su ciclo biológico. Sucede, por ejemplo, con el pino carrasco (Pinus halepensis), común en la zona mediterránea, con poblaciones desde Andalucía a Provenza, en Francia. Sus piñas están desarrolladas para eclosionar cuando hay un aumento súbito de temperatura, producido por un incendio de carácter medio. Entonces, las semillas caen al suelo y regeneran la zona que ha sido quemada. “El problema es que sucedan incendios que no den tiempo a que el pino adquiera madurez sexual y pueda producir piñas fértiles, como ha pasado en zonas con sucesivos incendios forestales provocados por el ser humano”, ha recordado el experto.

Profesor Jorge Mataix
Profesor Jorge Mataix

Normalmente, los fuegos de baja intensidad cumplen una función en el ecosistema: limpian de vegetación muerta un entorno específico. Sin embargo, los incendios más virulentos, de alta intensidad, producen una eliminación de toda la cubierta vegetal de un espacio. También se ven afectados los bancos de semilla que permanecen en la superficie y los suelos son dañados, ya que las propiedades se ven afectadas, especialmente en lo relativo a nutrientes o en la formación de cárcavas si se ve sucedido por lluvias fuertes. Hay algunas pistas para conocer la intensidad de un fuego, ha explicado Mataix en su ponencia. Una es el color de la ceniza. Cuando los restos son más claros, se ha prendido toda la materia orgánica que había y el daño ha sido mayor.