Maribel y la extraña familia.

Javier Collado

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Maribel y la extraña familia.
Maribel y la extraña familia.

Redacción. Maribel y la extraña familia,  la mejor comedia de Miguel Mihura según los expertos, llega mañana sábado 21 de febrero al Gran Teatro de Córdoba (20:30 horas) en un montaje dirigido por Gerardo Vera con el que que propone, en clave de humor, “una historia de amor que proclama el derecho a todos a ser felices”. El que fuera director del Centro Dramático Nacional entre 2004 y 2012 vuelve a la escena con nueva productora y, en sus palabras, con esta “joya del teatro español contemporáneo que es Maribel”. “Queríamos -explica- una obra popular, que al mismo tiempo pudiese convocar el interés de una compañía de actores de hoy con otros de siempre”. Por ello, para dar vida a los nueve personajes que aparecen en escena ha contado con una mezcla tan sugerente de intérpretes como Lucía Quintana, Markos Marín, Lidia Otón, Chiqui Fernández, Javier Lara, Macarena Sanz junto con otros como Ana María Vidal, Sonsoles Benedicto y Abel Vitón.

Mihura lleva al lenguaje teatral las técnicas que usaba, desde diez años antes, en las revistas de humor tipo La codorniz, unos rasgos creadores que nadie había utilizado desde entonces, destaca Vera. Con estas bazas “consigue “una comicidad directa, ácida, tierna y totalmente cotidiana que muestra como nadie lo había hecho la tristeza y la miserias de una sociedad conservadora y pequeñoburguesa, que era la que iba a ver su teatro, sin saber que hablaba de ellos”. La sorpresa de las situaciones, su humor transgresor y su visión tan apegada a la realidad española de su tiempo, constituyen la clave de un humor que, a estas alturas y con la perspectiva que da el tiempo, se podría calificar de revolucionario, afirma el director.

Maribel y la extraña familia puede considerarse como la “gran comedia” de este dramaturgo imprescindible para entender el mejor teatro español del siglo XX y el que mejor conectó con un público popular, que asistía enfervorecido a sus estrenos. La obra tuvo un éxito histórico de crítica y público -sobrepasó las mil representaciones, todo un récord en aquella época-desde su estreno en el Teatro Infanta Beatriz en septiembre de 1959, año en el que su autor obtuvo el Premio Nacional de Teatro. El texto gira en torno al entrañable personaje de Maribel (interpretada por Lucía Quintana-, una prostituta de barra americana que aterriza en una casa familiar de la madrileña calle de Hortaleza donde dos viejas encantadoras. Doña Paula -Ana María Vidal- y Doña Matilde  -Sonsoles Benedicto-   la reciben como la prometida de su sobrino Marcelino -Markos Marín-, un chico provinciano, chapado a la antigua, dueño de una fábrica de chocolatinas. El joven y tímido muchacho llega a Madrid con el único objetivo de conseguir una esposa que le haga olvidar un trágico episodio acaecido recientemente y que ha movilizado a toda la familia.

Con este argumento tan sencillo, destaca el director, Mihura “se permite desarrollar una comedia prodigiosa en cuanto a su sabiduría teatral, su diseño sin fisuras de los personajes y una comicidad que transita por zonas de verdad y de complicidad con el espectador y la convierte en un acontecimiento teatral. Con un Madrid provinciano y gris como telón de fondo, Maribel y Marcelino, acompañados por las tres prostitutas Rufi, Pili y Niní,  proclaman a los cuatro vientos su historia de amor, defienden que todo el mundo tiene derecho a ser feliz y que eso solo puede lograrse cuando se cree en el individuo. Un texto, en el fondo, que es una declaración de fe en el ser humano y en la bondad de las personas, concluye Vera.