Javier Collado

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Roberto Quintana, José Manuel Seda y Manolo Caro en ‘Historia de un cuadro’.

Redacción. El Teatro Góngora acoge este viernes 19 de diciembre a las 20:30 horas Historia de un cuadro, una obra escrita y dirigida por Alfonso Zurro que centra su trama en torno a una pintura de El Greco para propiciar una reflexión sobre el acto de crear, la posesión y las relaciones humanas. Con este montaje, el autor pretende que el mundo del teatro se sume a la conmemoración este año 2014 del IV centenario del fallecimiento (7 de abril de 1614) de Domenikos Teothokopulos El Greco, uno de los artistas más importantes de la historia de la pintura.

Historia de un cuadro es una indagación a través del tiempo para descubrir los caminos, intereses, manipulaciones, idas y venidas de un cuadro de El Greco (quizá un supuesto cuadro), hasta llegar al germen inicial: la razón que motivó  la creación de esa pintura.

El espectador recorrerá ese camino a la inversa en el tiempo: desde la época contemporánea hasta la Roma de 1576, en la que el joven Domenikos vive un momento crucial en su vida y decide trasladarse a España en lo que será un viaje sin retorno hacia Toledo. El público se convierte así “en un policía siguiendo un rastro hacia atrás”, explica Zurro.

Un total de nueve personajes aparecen en escena interpretados por sólo tres actores: Roberto Quintana, José Manuel Seda y Manolo Caro. La historia se centra en retratar pensamientos, ideas y conflictos en torno al arte y sobre la forma de crear, mirar y poseer un cuadro. Un cuadro que nunca verá el espectador pero al que se acercará desde las perspectivas de los distintos personajes: el pintor (la pintura ante su creador), el intermediario (la pintura ante el desconocimiento), un cardenal (la pintura ante el capricho), un noble (la pintura ante la pasión), un ladrón (la pintura ante el vulgo), un mercader (la pintura ante el comerciante), el director de museo (la pintura ante el estudioso) y un nazi (la pintura ante el poder).

Los pilares sobre los que se asienta el texto son, según Zurro, tres: la creación, la mirada del observador y la posesión. “Y aunque todo pivota en torno al cuadro -señala-, éste también es parte de la excusa para indagar en las relaciones humanas”. La obra es una “fábula inventada” que guarda un gran “respeto histórico”, de tal forma que hay fechas y datos reales pero hilados en torno a la invención. “No quería -destaca el autor- hacer una biografía teatralizada de El Greco. Lo que se cuenta no es la vida de él, de la que se desconoce casi todo, sino la relación que tienen diversos personajes con el arte y la relación que tiene el creador con el proceso artístico”.

Al margen del protagonismo de los tres actores, la música y el espacio sonoro son una de las piezas fundamentales del espectáculo, responsabilidad en esta ocasión de Jasio Velasco. La escenografía y vestuario son de Curt Allen Willmer, y la iluminación de Florencio Ortiz, todos ellos colaboradores habituales de Alfonso Zurro en sus últimos montajes y profesionales de dilatada y exitosa trayectoria.