Ermita de los Santos Mártires de Córdoba. / Foto: http://descubriendocordobaconrutasporcordoba.blogspot.com.es/

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Ermita de los Santos Mártires de Córdoba. / Foto: http://descubriendocordobaconrutasporcordoba.blogspot.com.es/
Ermita de los Santos Mártires de Córdoba. / Foto: http://descubriendocordobaconrutasporcordoba.blogspot.com.es/

Patricia Monterroso. Cada 17 de noviembre, Córdoba celebra a San Acisclo y Victoria que, aunque no lo parezca y lo desconozcan la mayoría de cordobeses -sobre todo los más jóvenes- «son patronos de la ciudad de Córdoba«, explica Toñy Benavente, gerente de Rutas Accesibles por Córdoba. Y es que con casi toda seguridad muchos pensarán, al oir la palabra ‘patrón’, en el Arcángel San Rafael pero lo cierto es que la capital cordobesa festeja a sus patronos cada 17 de noviembre, San Acisclo y Victoria.

Son éstos, cuenta Benavente en su blog ‘Descubriendo Córdoba’, «sobre los que se advocó la protección de la ciudad durante más de once siglos, aunque a principios del siglo XVII parece que fue el Arcángel San Rafael quien desplazó en la preferencia de los cordobeses en la invocación de esa protección».

Pero, ¿quiénes eran estos personajes? Para conocer la historia hay que remontarse al año 204 de nuestra Era, durante el dominio del emperador Septimio Severo -según el Opúsculo Martirial de Antonio Moyano Ruiz-, o, según otros como Ramírez de Arellano, al 304 con Diocleciano.

En cualquier caso, Acisclo y Victoria era dos jóvenes hermanos que profesaban el cristianismo y que fueron criados por su ama, Minciana (según nos cuenta Ramírez de Arellano), tras quedar huérfanos. Sus vidas pasarán a la historia del cristianismo y serán canonizados por ser unos mártires de su tiempo. Y es que «estos jóvenes fueron llevados a presencia del juez de la ciudad para renegar de su fe, siendo sometidos a muy variadas y doloras torturas», narra Toñy. «Fueron azotados, les quemaron los pies, trataron de ahogarlos y, finalmente, a la joven Victoria le cortaron los pechos y la lengua para luego ser atravesada por flechas, todo ello como espectáculo en el Anfiteatro. A su hermano Acisclo lo llevaron a la orilla oriental derecha del río Guadalquivir, junto a la boca del manantial, para degollarlo y finalmente dejar allí su cuerpo».

San Acisclo. / Foto: wikipedia.
San Acisclo. / Foto: wikipedia.

Será su ama Minciana quien recoja el cuerpo de Victoria en la oscuridad de la noche y lo traslade hasta donde se encuentra el de su hermano, dándoles sepultura. Y es aquí donde comienza la historia. En la tradición martirológica queda descrita la pasión de estos santos con gran lujo de detalles. Una passio del siglo X relata que se ordenó meter a Victoria y Acisclo en un horno pero al escucharse los los cánticos provenientes del horno, el Perfecto Romano ordenó que se les arrojara al río Guadalquivir atados a piedras pero ambos santos aparecieron flotando sin sufrir daño. Entonces se ordenó  que se les colocara sobre un fuego pero éste escapó del control de los verdugos muriendo muchos paganos sin que el fuego afectase a los hermanos. Así, finalmente, se da la orden de su decapitación, razón por la que San Acisclo es representado con una línea roja de sangre en el cuello.

Fuera como fuese, explica la gerente de Rutas Accesibles, «hasta el lugar donde fueron enterrados los hermanos se desplazaba la gente del pueblo, tanto así que se construyó, hacia el siglo III, la primera basílica cristiana. Este primer templo cristiano de grandes dimensiones sufrió grandes ataques a lo largo de siglos, como los del rey visigodo Agila en el 554 y Leovigildo en el 584, para sacar del templo a su hijo Hermenegildo, donde se había refugiado, quemando el edificio para hacer salir al mismo. Posteriormente lo convirtió en un establo».

Cuando Fernando III llega a Córdoba entrega el entonces ruinoso templo a la orden del Císter para la explotación de las huertas circundantes. Fue entonces cuando se levantó «el primer monasterio de la ciudad, recibiendo el nombre de los Santos Mártires, en el siglo XIII», aclara Benavente. «Parece ser que algunas de sus reliquias fueron esparcidas por el resto de España para su veneración pero siglos más tarde se recuperaron. En 1125, se decide trasladar sus restos de la Basílica junto al río, para ser llevados a San Pedro, y ser enterrados con otros santos más, entre ellos San Januario, Marcial y Fausto, según contó Ramírez de Arellano».

Fachada de la Ermita de los Santos Mártires. / Foto: http://descubriendocordobaconrutasporcordoba.blogspot.com.es/
Fachada de la Ermita de los Santos Mártires. / Foto: http://descubriendocordobaconrutasporcordoba.blogspot.com.es/

La Basílica de los Santos Mártires sufriría a lo largo de los siguientes siglos el abandono, deterioro y, finalmente su desaparición, «quedando reducido su tamaño casi a una pequeña capilla, que fue la que visitó el rey Felipe II en el 1570, cuando arribó a Córdoba en el mes de agosto. Finalmente, a mediados del siglo XIX, debido a la desamortización, tanto la basílica como el monasterio son desmontados, iniciándose la edificación de la pequeña Ermita de los Santos Mártires entre 1880 y 1881 que existe en la actualidad».

Así que son ellos, por la persecución y el martirio vivido y sus posteriores milagros como protectores de la ciudad, los santos patronos de Córdoba, San Acisclo y Victoria, junto a la copatrona, la Virgen de la Fuensanta.