El Córdoba celemrando ayer el ascenso. Foto: CBN.

Javier Collado

Supermercados Piedra

Dobuss

El Córdoba celemrando ayer el ascenso. Foto: CBN.
El Córdoba C.F. celebrando ayer el ascenso. Foto: CBN.

A.Sánchez. Son muchos los cordobesistas que no han podido disfrutar de esta fiesta aquí, en Córdoba, pero que están igualmente de felices en la distancia. A tantos kilómetros de aquí, la morriña y el cariño a la ciudad se magnifica y cómo no, un ascenso se grita igual en Cataluña, Madrid o Las Palmas que en las Tendillas.

Empezamos por Cataluña, más exactamente en un pueblo, Riudecanyes, en una casita bautizada como Kurtuva, donde «el gol de Uli se cantó a voz viva entre lágrimas de alegría» como nos cuenta Rafael Trujillo, un gran aficionado cordobés que por motivos laborales tuvo que abandonar su ciudad hace ya unos pocos años.

Una vez pasada la euforia comenzó a acordarse «de esos cordobesistas que siguen al equipo fielmente cada semana, en el campo o desde la lejanía, que han mamado tantos años y años partidos de Segunda B e incluso de Tercera», continúa recordando Rafael entre la emoción de lo vivido. Especialmente «me acordé de mi hermano, quién me inculcó desde pequeño la semilla blanca y verde, me acordé de mi padre, mi madre, mi primo Rafa, de Felipe y de la familia Ariza (Jaime, Rafa y su padre). También recordé miles de anécdotas sucedidas en El Arcángel, como aquel  señor  que nada más iniciar el partido pedía la hora al árbitro, o aquel otro que gritaba el “Vaaamos” de tal manera que ahora es un canto de guerra. Y me acordé del Litri que, allá donde esté, seguro que con su San Rafael en la mano empujó todo lo que pudo».

También «quiero dar las gracias al presidente» y espero que la flor te dure 100 años más» decía, para continuar diciendo que «ha sido un año extraño, del que hay que aprender mucho para no repetir los mismos errores . Gracias Chapi, pensé que hasta podía bajarnos- y con trabajo, esfuerzo y optimismo nos ha llevado a lo más grande, ¡viva la madre que te parió! Gracias también a Pablo Villa, cordobesista de corazón y al que deseo que pronto tenga la suerte deportiva que merece».

Por último, Rafael bromea: «no éramos los mejores, ni los más guapos, ni tan siquiera los más fuertes, pero sí hemos sido los que hemos tenido más valor. ¡Vaaaamooooos!».

Un poquito más cerca, en Madrid, la familia Angulo Ramos también nos contaba los nervios y la felicidad tan grande que vivieron en el día de ayer. Ramiro contaba como «durante las semanas previas, empezamos toda la familia a exteriorizar nuestro apoyo al equipo y el orgullo de seguir a un equipo con carácter y ambición. Cambiamos nuestros perfiles en las redes sociales con motivos y frases de apoyo, seguíamos diariamente toda la información disponible en los diarios digitales y en los foros cordobesistas o los comentarios en los grupos de Whatsapp. También empezamos a mostrar asiduamente nuestros colores, utilizando las camisetas para hacer deporte».  También comenta la ilusión con la que vivieron un día muy especial e inolvidable para ellos, «fue cuando corrimos una carrera popular con nuestras camisetas del Córdoba, éramos los únicos blanquiverdes y más del 80 % nos animaba con afecto diciendo mucho Betis, que manda narices… Los que reconocían nuestros colores, nos deseaban suerte y lo hacían con cariño y respeto».

Además, afirma, «por la mañana hicimos todo lo que había que hacer para tener completamente libre la tarde. Como si de los jugadores se tratara, comimos a las 13:30 para que no se complicara la cosa. Vimos a Fernando Alonso y seguimos la actualidad del partido por las redes sociales y terminamos de decorar la casa de blanquiverde y nos uniformamos como si fuéramos a jugar».

Y comenzó el partido, los nervios se apoderaron de la familia que ya casi no hablaban por la tensión del choque aunque «a medida que se acercaba el final del partido, esa sensación de confianza se tornaba en admiración, no subiríamos pero el equipo estaba compitiendo contra un equipo con más presupuesto e historia y arropado por su afición. Tenemos una gran plantilla y seguro que llegarán los éxitos. Los más jóvenes, se ponían nerviosos e incluso dejaron de ver la tele pensando que, como siempre, el Córdoba al final no conseguiría ascender. Sin embargo, con la invasión prematura del campo, todos comentamos que algo bueno iba a suceder. Que ese comportamiento tan extraño de su afición tenía que tener alguna trascendencia en el resultado, y la tuvo, claro que la tuvo».

Y llegó el minuto 93, y llegó el gol, «y con el gol, la locura, las llamadas, los mensajes», sigue contando Ramiro, «los recuerdos de los seres queridos que nos inculcaron la pasión por nuestros colores y la satisfacción de que mis hijos también tienen y tendrán su sangre blanca y verde. Felicitaciones de vecinos, compañeros y, en general, de todos los amigos. Aunque también sentimos nostalgia de no poder compartir estos momentos con la familia y amigos que viven en Córdoba». Y, evidentemente, hubo una celebración como corresponde con «saltos a la piscina vestidos, cánticos, brindis y todas las muestras de alegría y de felicidad del mundo así como fotos y vídeos para inmortalizar este momento histórico vivido lejos de nuestra ciudad».

Aunque también, apunta Ramiro, «por un instante tuve una sensación de tristeza debido a mi amistad con seguidores canariones desde nuestra estancia en las islas. No pude dejar de mandarles un mensaje de ánimo y mi deseo de que el fútbol les devuelva pronto lo que el domingo les quito. Sin duda, el fútbol es un deporte y el deporte tiene que servir para transmitir valores y acercar a los pueblos. Unos cuantos energúmenos no pueden representar a un colectivo tan amplio y señorial como son los seguidores de Las Palmas. Ojalá el Arcángel el año que viene sea una fiesta donde todas las aficiones sean bien recibidas y Córdoba y su afición hagan honor a los valores del deporte y de la ciudad abierta y acogedora que es».

Y por último, uno de los más fieles cordobesistas que existen en esta ciudad y uno de los afortunados aficionados que pudo vivir en directo en Las Palmas la gesta blanquiverde, Pepe Rebollo. «Salimos desde Málaga a las 7 de la mañana y al llegar a Las Palmas lo primero que hicimos fue ir a por nuestras entradas ya con nuestras camisetas puestas. Nada más llegar al estadio había una cola enorme de canarios en busca de las últimas entradas y nos abuchearon un poco, pero sin demasiada ira. Nosotros decidimos ir a lo nuestro e irnos en busca de nuestra taquilla a recoger nuestras entradas. Ya con las entradas en el bolsillo -nos sigue contando Pepe- nos fuimos a pasar la mañana a la playa de las Canteras donde coincidimos con una familia cordobesa. Ya después de comer cogimos un taxi y rumbo al partido».

«Entramos al estadio sin problemas, custodiados por la policía. No paramos de animar en todo el partido, aunque contra 32.000 canarios la cosa estaba difícil. Aún así lo intentamos. El partido en sí no me gustó mucho, porque los vi demasiado encerrados. Además, cuando marcaron los canarios nos vinimos un poco abajo. Eso sí, seguimos animando porque estábamos a sólo un gol y los jugadores se merecían nuestro apoyo hasta el final pasara lo que pasara». Hasta que llegó el descuento y, entonces, -relata Pepe- comenzaron los aficionados a saltar. Yo no me lo creía, pensaba que el arbitro iba a pitar en ese momento y nos iban a dejar sin esa última oportunidad que el fútbol nos debía por tantos descuentos sufridos este año pero, sorprendentemente, el arbitro decidió que se iba a jugar ese último minuto, y el resto ya lo sabéis. Se desató la locura. Durante 20 segundos lo celebramos como locos, pero a partir de ahí nos asustamos un poco porque vi una botella volando por encima de mi cabeza y vimos a 30.000 personas enfadadas. Pero, de repente, toda la furia de la afición se centró en los aficionados que habían saltado. No obstante, la policía nos custodió. La verdad que con tanta tensión no pude celebrarlo bien, con tantas peleas alrededor nuestra. Cerraba los ojos y decía, estamos en Primera, pero los abría y veía la batalla que se estaba produciendo alrededor, tenía una euforia contenida difícil de explicar. La policía nos sacó del estadio y nos encontramos con muchos aficionados de Las Palmas esperándonos para hacernos un pasillo y darnos la enhorabuena y pedirnos perdón por lo sucedido. Nos decían que esos aficionados no representaban a la U.D. y nosotros intentamos animarlos en medida de lo posible».

Ya fuera del estadio, cuenta Pepe, «la policía se fue y nos vimos solos en medio de un ambiente demasiado violento y decidimos entrar de nuevo al estadio, y casi sin darnos cuenta nos metimos en el parking y vimos que desde allí se podía acceder al césped y nos dimos cuenta de que estaban allí nuestros jugadores, salimos corriendo y lo celebramos con ellos abrazándonos a todos y entrando casi hasta el vestuario, fue increíble».